viernes, 1 de marzo de 2013

Dama de día

No importaba su silencio
Sus palabras, acalladas
Sus ojos opacos
Ni su expresión casi inanimada
Nada.

Un sentimiento estruja por dentro
Deshace, cual ácido, su alma
La corta en mil pedazos
Hace de su felicidad un perverso recuerdo
Dolor.

La vida sigue, le dicen
No sabe por qué
Si pasó algo, ¿qué pasó?
Ya ni el tiempo sabe responder
Olvido.

Voltea al pasado
Sigue igual de sucio y deshonroso
Toma sus ropas elegantes
Se viste de dama
Mentira.


jueves, 14 de febrero de 2013

Trastorno

Tengo un contrato de amor con tu ego
Un acuerdo tácito entre tu infelicidad y la mía
Que se juntan casi nunca a platicar.

Tengo un millar de cosas que decirte

Pero me las guardo todas
Porque no las mereces hoy.

Tengo tantas ganas de dejarte

De plantarte a gritos
Desangrarte el alma de tanto llorar.

Tengo ganas de que leas estos versos

Y me insultes en tu mente
Te arrepientas de quererme.

Tengo un beso atormentado

Que te busca en la oscurana
Para decirte que me creas.

Tengo un amor salvaje

Te aprisiona entre sus brazos
Ya cálidos ya homicidas.

Tengo por ti un collage de agujas y cuchillos

Armas que desgarran ilusiones
Las dejan en jirones y las vuelven a tejer.

Tengo una pasión ciega que vadea

Evitando tus rencores
Entre todas tus palabras.

Tengo un amor sincero

Un día es bueno y al rato ingrato
Pero siempre fiel.

Incertidumbre

No vale la pena quedarse a esperar
Que suenen las doce campanadas
Huir despavoridos de la verdad
De la realidad incierta
Creyendo la versión que nos dicta el corazón.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Volver

Volver la página de un libro
Como la mirada tras el silbido
En la serenidad nocturna
En pleno campo abierto.

Volver al pasado, arrepentido

Como niño que ve perdida la causa
Como mujer que no quiso decir lo que dijo
Como aquel asesino que no intentó matar.

Volver, a pasos errantes pero seguros

Pisadas que llevan a ningún lugar
Con la convicción de que no hay otro camino
Que no sea el mismo donde ha de marchar.

Volver en el tiempo

Quitando de encima los años pesados
Que aun siendo removidos
Dejarán una marca que nadie logre borrar.

Volver, como si pudiera

Si olvidar fuera fácil
Si perdonar no doliera
Si recordar reviviera,

¡Ay! ¡Ay! ¡Quién no volviera!

jueves, 10 de enero de 2013

Miradas

Se cruzan, calladas.
Se encuentran, consternadas.
Se topan, avergonzadas.
Se mezclan, camuflageadas.

Miradas, sólo miradas.
Tiernas, sublimes.
Miradas, son las miradas.
Furtivas, ardientes.

Arrancan la ropa sin poner un dedo.
Deshacen la fe sin mediar palabra.
Recitan poemas sin alzar la voz.
Golpean el alma sin cerrar un puño.

Miradas, lenguaje eterno.
No conocen silencios, no utilizan palabras.
Cantan melodías que no lleva el viento.
Gritan maldiciones que no borra el tiempo.

Las miradas, traidoras.
Por mucho que guarde el amante su historia,
habrá una mirada que delate todo.
Miradas que desvelan los más íntimos secretos.

Son miradas, las que lanzamos como flechas.
Dardos venenosos, armas letales.
Mieles divinas, besos al aire.
No hay duda, mis ojos no mienten.

Sangre

Las uñas, ese rojo en las uñas.
Rojo, rojo profundo,
tan profundo, que viene de dentro.
Rojo que viene de dentro,
tan dentro, que late.

Rojo sangre, color que lleva el aroma.
El aroma de la vida y de la muerte.
La vida que se vive sin pensar.
La muerte que llega sin ser invitada.
Rojo que invita a morir.

Morir lento, gota a gota.
Frío de muerte, de derrota.
La derrota que duele a última hora.
La hora del final, del hielo.
Hielo que se tiñe de rojo.

La loza empapada en sangre.
La sangre que corre por sus manos blancas.
Manos blancas que se mancharon por amor.
Amor que no duró un día.
Un día que llegó la muerte.





martes, 13 de noviembre de 2012

Las ventanas

- Bonitas cortinas - me dijo, con una expresión dulce en la mirada.
- Gracias, de mi padre - respondí, sonriendo.

Estábamos recorriendo la galería, tratando de encontrar el salón aquel en el que había empezado todo, tres años atrás. El recinto que buscábamos no tenía mucho de especial: un par de cuadros pintados por quién sabe quién, otros tantos objetos inútiles y una silla.

Cada paso que dábamos encontrábamos algo nuevo, diferente de todo lo visto con anterioridad. Todas las habitaciones invitaban a entrar, a pesar del silencio y la penumbra que reinaba en el lugar. Seguimos andando por el pasillo, abriendo puerta tras puerta, con la esperanza de que la siguiente sería esa que queríamos hallar.

Llegamos al final del pasillo, creyendo que nuestros esfuerzos serían infructuosos, cuando nos percatamos del corredor que comenzaba a la derecha, medio metro más adelante. - ¿Será por aquí? - inquirió, - No lo sé, no logro recordar. Tengo claro dónde lo vi la última vez, pero no sé dónde encontrarlo -. Mi respuesta llevaba consigo tanta nostalgia como podía cargar en la voz.

Eran ya tres años desde aquel día en que tuve que abandonarlo todo; desde entonces no había vuelto. Me contuve muchas veces; muchas otras, me resistí. Siempre había alguien tratando de empujarme para traerlo de nuevo, para dejar lo poco que quedó entre mis pertenencias de valor. Nunca pensé que sería una buena idea, hasta aquella tarde de noviembre, en que él me dijo que era mejor recuperarlo todo, quedarme con lo que aún servía y desechar aquello que no iba a necesitar.

La octava puerta de ese corredor llamó mi atención: había algo en esa hoja de madera color caoba, que me hizo creer que esa era la que nos había llevado ahí. Las molduras que la adornaban estaban llenas de polvo, resultado del tiempo que tenía sin ser tocada. Giré el picaporte, empujando suavemente la puerta. El crujido que produjo al volver sobre sus goznes resonó en el espacio vacío al que daba paso. Inmediatamente sentí ese aroma tan conocido, que erizó mi piel como la primera vez que lo sentí.

Sí, definitivamente era ahí. Tal como lo imaginé, el temor se apoderó de mí y estuve a punto de echarme a correr, fuera del alcance de lo que en ese lugar estaba guardado. Me detuvo, colocando su brazo en mis hombros, atrayéndome a sí. - Tranquila, - dijo con voz firme, - será una vez y nada más, a menos que decidas quedarte. -

Tenía razón, debía dedicarme al propósito. Caminé por la habitación, tratando de localizar el interruptor de la energía. En esas estaba cuando mi rodilla derecha topó con lo que parecía ser una caja llena de cachivaches. Encendí la luz, que casi nos cegó, pero que expuso claramente lo que contenía la caja. Había cuatro libros, un marco para fotos sin fotografía, unas flores secas, un reloj de pulsera, un llavero de goma y cientos de miniaturas de cualquier naturaleza imaginable.

Y una imagen suya, la de ese que no estaría nunca más. Sabía que era sólo una imagen, pero dolió como saeta ardiente. ¿Cómo había tenido el valor de volver, conociendo que eso me esperaba? Cierto, no lo recordaba. Estando ahí, desconcertada, decidí revisar la caja y deshacerme de todo eso que no tenía que estar. Me quedé sólo con la imagen suya, el sonido de su risa, el tono de su voz y el color de sus ojos. Pinté el salón del verde que rodeaba su mirada. Puse el resto de cosas en una bolsa de basura que llevaba con ese fin. Él se hizo cargo de la bolsa, me tomó la mano y cerró la puerta detrás de nosotros. 

Nos alejamos de la puerta con paso lento pero seguro. Muchas emociones para un sólo día aunque casi terminaba. Regresamos por los pasillos que antes caminamos, sin voltear.

Mi compañero era el Tiempo. Salimos por donde entramos: mis ojos castaños, las ventanas de mi alma.