domingo, 10 de mayo de 2020

Del Día de la madre que no para todas es feliz

El 10 de mayo se celebra en Guatemala y otros países latinos el día de la madre. Las redes sociales ebullen de mensajes, fotos y videos conmemorativos, recuerdos y poemas. Pero este día no es feliz para muchas mujeres. Es a ellas a quienes dedico este mensaje, lleno de empatía y sororidad.

A esas que lo han intentado innumerables veces, a las que recuerdan con dolor una pérdida (o varias), a las que lo lograron pero hoy sus brazos están vacíos; a las queriendo,
tuvieron que decidir no ser, a las que no pudieron y a las que no podrán:

Que este día en que tantos festejan, sus ojos brillen y no sufran. Que más que resignación encuentren propósito y esperanza; que en vez de dolor tengan paz. Que puedan felicitar a las que hoy disfrutan y eso no les cause pena.

Desde aquí, desde lo más hondo de un corazón que comparte su sentir, les mando mi abrazo hasta donde estén.-


martes, 31 de diciembre de 2019

Del año revoltoso que termina

Como cada diciembre (del último lustro al menos), les traigo la reseña del año:

Este año fue peculiar. Un año de muchos (demasiados) cambios, de cosas buenas, malas y feas. Un año que agregó personas increíbles a mi vida y se llevó personas que nunca merecieron estar.

Un año de crisis mentales, de sentimientos encontrados a nivel emocional, de conflictos innecesarios. Un año que me trajo grandes lecciones, algunas de las cuales tengo a medio aprender.

Tuve un compañero maravilloso, un inmenso ser humano, hombre de bien. Paciente, dedicado, atento, comprensivo. Fue un año bueno para mi corazón.

Emma dijo sus primeras palabras y aprendió a caminar. Me grita, me pega y me aleja, pero al final del día nos abrazamos y volvemos a empezar. Chewie tiene salud, está contento y me ama como siempre. Ya gané.

Recorrí más de 12 mil km en moto. Visité 3 países. Conocí Guatemala un poco más. Me llené de fotos lindas y buenos recuerdos.

Enfrenté a los monstruos del pasado. Les puse límites a los abusivos. Le dije sus cosas en la cara a la gente de m… que tuve que toparme. Me arriesgué más de la cuenta. Peleé más de lo justo. Me saqué mucho de lo que por años he guardado.

Dejé ir a esa familia que lo es en papeles pero no en el alma, que es buena para señalarte pero no para ponerte el hombro. ¡Adieu!

Tengo mucho qué cambiar y mucho qué construir. Afortunadamente voy de la mano de los que saben y de los que ya han recorrido ese camino alguna vez. Espero este nuevo año ser mejor persona, mejor compañera, mejor amiga, mejor profesional.

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Que este 2020 traiga al menos 366 razones para sonreír. Que al anochecer tengamos agradecimiento y no angustia. Que encontremos al andar personas buenas y que las malas nos esquiven. Que esté lleno de amor, de compasión y de empatía.

miércoles, 24 de julio de 2019

Del Viento del Norte, que me devolvió la vida

No encuentro las palabras exactas para describir mi primera moto. No sé si a cada motociclista le sucede lo mismo, si también hay una fibra del corazón que se puede tocar únicamente con el sentimiento que inspira esa experiencia inicial.

Cuando la adquirí, apenas manejaba bicicleta y de motos no sabía ni subirme a una. Pero ahí estaba yo, en la sala de ventas de PowerHouse, pidiendo una moto. No sabía de cilindrada, de peso, de potencia, de torque o de equipamiento. Ahí estaba, sin saber si podría o si me gustaría esa actividad. Sí, muy circunspecta, aunque lo más cerca que había estado de una moto eran los mensajeros que se pasan llevando los retrovisores en el tráfico.

Así fue como elegimos la CB500X. Una moto lo suficientemente grande para viajar pero lo suficientemente barata como para deshacerse de ella si no me gustaba el asunto. Dice mamá que papá dijo: "esa se va a ir a caer y nunca más va a subirse a una moto." Lejos estábamos todos de imaginar el giro que tomaría mi existencia a partir de esa primera cita: una cita a ciegas.

Se llama Bora, el viento del norte que sopla en el mar Adriático. Mi Bora llegó en un momento muy difícil para mí. Con cada ride recogía un poco de cenizas de mi corazón. Aprendí muchas cosas de la vida en el tiempo que pasé sobre ella. Los cientos de horas que rodé fueron terapéuticos y me dieron la oportunidad de meterme en lo más profundo de mi mente, para descubrir al final de cada viaje que ahora me conocía un poco más. Todos los amigos que sin ella no habría conocido ni con visacuotas los podría pagar. Podría envejecer numerando las cosas buenas que por ella he recibido.

Hoy la dejé ir. No puedo mentir, de camino a entregarla me cayeron unas cuantas lágrimas por las mejillas. Mi Bora, año y medio después, con todos los escombros de mi corazón hizo una cosa nueva, hermosa, fuerte. Deseo para ella una muy larga vida pero sobretodo que ahora haga feliz a alguien más como lo hizo conmigo.

Mientras escribo esto no estoy llorando, sólo se me metieron 20,000 km en los ojos y todo el agradecimiento a esa loca idea que se me plantó en la cabeza un 31 de diciembre. Gracias, Bora.
















domingo, 30 de diciembre de 2018

De la importancia de saberse amar

Como ya es costumbre, en las últimas horas del año escribo una reseña que me ha servido de desahogo y "rayita en el marco de la puerta" para ver cuánto he crecido con el paso del tiempo.
Tirando barrio, lidiando contra
los trastornos alimentarios.
Y este año no será la excepción. A diferencia de los anteriores, éste me dejó una infinidad de cosas buenas. Logré ser la mejor versión de mí.

Empecé hecha pica-pica, con el corazón vuelto confeti, pero con hartas ansias de no repetir la historia de terror.
Luché día a día para quererme, para apreciarme más allá de lo que veía en el espejo y de lo que mi memoria me obligaba a oír, para valorarme y disfrutar mi presencia, de las cosas que me salen bien.
Me reté.

APRENDÍ A AMARME. Me disfruté mis viajes, las cenas que me preparé y las tardes de películas conmigo. Descubrí lo maravillosa que es mi compañía y me lo grabé en la mente para que nadie pueda convencerme de lo contrario. Me perdoné tantas cosas que me herían, dejé de culparme por esos desastres que permití y por los que provoqué. Solté. Dejé ir. Y me aferré a mí y a todo lo asombrosa que puedo ser.

ME ENCONTRÉ CON DIOS. Otra vez, como tantas veces. Después de tanto llanto y tanta crisis, me tocó. Me abrazó el corazón, me susurró al oído, me curó. Me llenó de paz, de esperanza. Me devolvió lo que me habían robado. Me reparó lo que habían dañado. Me amó, como siempre lo hace. Cumplió su promesa: sigue siendo fiel.

Oberalppass con los sureños. <3

TrdeIník en las calles de Praga,
con Luis, José y María Ester
(quién tomó la foto).
DESCUBRÍ LA VIDA. Aprendí a montar una motocicleta, a conocerla, a amarla, a disfrutarla, a vivir el camino. Subí el Passo Dello Stelvio. Me prendé de las carreteras francesas y de los incomparables pasos alpinos. Lloré a los pies del Mont Blanc. Me comí una currywurst con el nudo en la garganta que deja el Muro de Berlín. Me perdí en Montpellier. Vi el turquesa más hermoso que han visto mis ojos en el Mar Mediterráneo. Me prendé del rosa pastel de la fachada de un hotel en Karlovy Vary. Me sentí una reina en el pueblito celestial de Val d'Isère. Caminé por Chapultepec y vi la cama de la emperatriz Carlota. Comí tacos de pastor, de verdad. Conocí Miami. Besé a mi familia en Houston y supe que ahí no hay montañas (eso fue muy sad). 

Col du Galibier.


Berlín con Jose, Dani y Rubén.




















Tú.


ME ENAMORÉ. Cuando menos lo esperaba, de quien no me imaginaba, sin planificarlo así. Cuando me amé lo suficiente como para ser feliz sola, cuando sané el pasado que me había agobiado, cuando establecí mis límites de la mejor manera, cuando pensé que ahora nadie querría estar con una Mariale decidida a no recibir menos que lo que era capaz de darse a sí misma… entonces sucedió.







CONOCÍ A EMMA SOFÍA. Que la vida me alcance para verte crecer y darte todo el amor que siento por ti desde antes de saber que venías a este mundo.

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Estoy sumida en un cenote de deudas que me atosigan y me fastidian pero me he gozado cada centavo que me ha tocado pagar, llenándome el corazón y la mente de experiencias que no tienen precio. Empiezo el 2019 buscando trabajo pero desbordando amor, paz, fuerza interior y ganas de salir adelante.

Este año ha sido el mejor de mi vida y lo termino con todo el anhelo de hacer del 2019 uno incluso más espléndido.

Gracias a los amigos que han permanecido con los años y a los nuevos amigos que esta pasión del motociclismo me ha permitido hacer. Que nuestras huellas siempre vayan juntas, aunque nuestros caminos sean distintos. Todos tienen un lugar único en mi corazón y forman parte especial de mi vida.

Gracias, cariño mío, por la bendición que representas y la sonrisa que pintas en mi rostro desde que sale el sol. Te quiero.

Si el próximo diciembre puedo sentarme a hacer lo mismo, si Dios aún no ha decidido llamarme para compartir la eternidad con Él, ojalá sea tan brillante mi mirada como hoy. ¡Feliz Año Nuevo!





viernes, 29 de diciembre de 2017

De los capítulos con anexos infinitos

Del 2017

Este año empezó muy diferente a los demás.
Cariño, ilusión y compañía placentera.
Esto de amar es incierto. Es como quebrar la piñata, como ponerle la cola al burro, como caminar por el cuarto en plena oscuridad: te lanzas con fe aunque no sepas si le vas a atinar o a meterte un madrazo.

Y pues… tocó madrazo.

Pero conocí el amor más puro, el que no se detiene ante nada, el que se quita el pan de la boca, el que no duda en dar la vida. Ese amor que no cambia con el tiempo ni depende de los demás. El amor que te dice que con ese vestido te ves gorda y no puedes sino estallar en carcajadas y amarlo más. Ese amor que te derrite con verlo dormir y te hace querer romperle la cara a cualquiera que ose ofenderlo.

Volví a caminar. Bajé de peso. Me encontré conmigo misma como nunca lo había hecho. Tomé decisiones complejas y enfrenté las consecuencias con coraje. Estrené casa. Llegó Chewie a mi vida, a hacerla menos solitaria y más feliz. Comencé a sanar heridas del pasado para construir sobre una base nueva y mejor.

De la emotividad

Lloré mucho. Lloré la traición, el engaño, la culpa y el sentirme usada. Lloré la separación. Lloré por no saber qué va a ser de mi niña. Lloré porque no fui suficiente. Lloré porque fui desechable. Lloré porque me sentí sola. Lloré porque me humillaron. Lloré porque no supe adónde ir.
Lloré porque se me fue mi amor imposible, Biuei; Lo lloré mucho.

Aquella relación amor-odio
que se cultiva cuando
pasas horas de horas en el auto.
Reí con cada ocurrencia. Reí con las palabras mal dichas que nos hicieron gracia. Reí con las películas, los juegos, los paseos y los viajes. Reí con los chistes. Reí con los dibujitos, los memes y los vídeos. Reí con las gracias de una toddler. Reí con las nuevas y las viejas amistades. Reí con las cervezas, los tequilas y el whiskey.

Celebré mi cumpleaños, el de Valentina, el de mi papá, el de mi mamá y el de mi hermanito. Celebré lo que valía la pena celebrar.

Di tiempo, dinero, vida, amor, compañía y apoyo. Recibí abrazos, besos, caricias, muchos "te amo", halagos y satisfacciones. Recibí, aunque fugaz, eso que siempre había querido recibir.


"…porque así [de grande] es Mariale."

Del final del episodio

Fue un año que trajo tan variadas cosas que sólo no sé cómo catalogarlo. A lo mejor no es necesario poner etiquetas y sólo vivir como se viene. Soy un año más vieja, más sabia, más madura y más fuerte.

Y si con algo quiero quedarme, es con la respuesta de Valentina cuando le preguntaron por qué me había dibujado tan grande: "…porque así es Mariale."



Este capítulo acabó siendo uno de esos que te hacen pensar que perdiste el tiempo; Pero traía al final un hilo que se prolongará hasta que se cierre el libro y sea puesto en la librera. Es un anexo cuyo nombre está grabado en mi corazón y en mi piel, con todo el agradecimiento que cabe en un alma que encontró ahí solaz.



miércoles, 16 de agosto de 2017

De llamar a otros "huevones" y "cobardes"

Acabo de leer, por referencia de un amigo, un artículo escrito por una millennial guatemalteca que, según ella misma dice, es "famosa" bloggera. En resumen, llama "huevones" a todos los que tienen 22 años y siguen viviendo en casa de sus padres, mientras cuenta su experiencia de 'superación'.

Aunque en un principio mi intención fue publicar en su propio post lo que a continuación escribo, este amigo me detuvo de hacerlo llamando mi atención a la necedad de la muchacha y de aquellos que la aplaudieron; Sería un "gastar pólvora en zanates." Así que decidí traerlo acá, a mi blog, porque no sólo quería desahogarme sino darles a otros una palmadita en la espalda y ¿por qué no? quizás hasta un puñetazo a esa actitud repulsiva.

La felicidad de hacer lo que soñás.
Desde que tengo memoria me fueron asignados roles en las actividades productivas de la empresa familiar.  Mis papás, un gran emprendedor y una trabajadora admirable, se esforzaron más allá del cansancio para que mis hermanos y yo tuviéramos lo necesario. Durante muchos años las carencias abundaron, poco a poco dando paso a los frutos de tan ardua entrega para hacer crecer lo que empezó como una desesperación por alimentar a cinco niños.

Inicié mi 'negocio' de tortillas de maíz a los 7 años y a los 9 vendía pay de manzana a los vecinos de la colonia. A los 14 hacía bisutería de catálogo, aplicaciones en macramé y crochet; Parte de las ganancias se reinvertían en revistas del tema, buscando siempre mejorar.
A los 15 años empecé formalmente la relación laboral con la empresa de mi familia, como asistente administrativa y patoja chispuda. Tenía un salario (casi simbólico pero ganado con mi esfuerzo) y una serie de tareas por cumplir.

Entré a la universidad estatal a los 17 años, a una carrera que elegí apresuradamente y sin criterio. Un año después les hacía saber a mis padres que abandonaba los estudios y me dedicaría a trabajar de tiempo completo. Como todos los anteriores, ese año mis papás me me habían apoyado y sostenido.
Catorce horas diarias de trabajo me permitieron
el lujo de vivir ahí, sin más muebles que estos.
Cuando uno de mis catedráticos se enteró de mi decisión de dejar la universidad, envió a decirme que no lo hiciera, que tenía que explotar mi capacidad y que tenía un gran futuro como profesional. A regañadientes fui a inscribirme a una universidad privada, en la Facultad de Ciencias Económicas, con la esperanza de aplicar lo que aprendiera para beneficio del negocio. Tenía 18 años, trabajaba como maestra en las mañanas y asistente en las tardes. Terminé en 5 años y con 3 años ganados en una segunda carrera. Con mis trabajos de medio tiempo me pagué la universidad, viviendo aún con mis papás.

A los 24 años, un poco después de la graduación, tomé mis maletas y un avión a Wisconsin, EE. UU. Dos meses más tarde estaba de vuelta, buscando un lugar donde vivir en la capital de mi país, sola, a doscientos kilómetros de mis padres. De eso hace casi tres años. Tengo mucho que contar.

Al principio estudiaba una tercera carrera universitaria. Deserté porque no llenaba mis expectativas y mi horizonte económico era cada vez más angosto. Estuve cinco meses sin trabajo fijo, viviendo en un cuarto en una casa de huéspedes, subsistiendo a base de freelances y dando clases ocasionales como catedrática suplente. A veces apenas tenía para comer. Cuando encontré un trabajo, me pagaban poco y trabajaba mucho, pero estaba saliendo adelante. Con el tiempo gané más y toda mi ilusión era tener un apartamentito donde estar en paz, un lugar donde siempre hubiera techo y alimento para quien lo necesitara. El sueño se hizo realidad y tuve por un tiempo eso que tanto quería.

Ahora, después de un accidente que me quitó la ventaja y me retrasó un año los planes de vida, estoy luchando de nuevo para alcanzar metas y sacar la cabeza del agua, con satisfacción personal y agradecimiento.

Si tenés veintidós años y seguís viviendo con tus papás: no por eso sos un huevón o una cobarde. Si tus papás te dan un techo, tenés la responsabilidad de aprovechar ese privilegio que no todos tienen y devolverle a lo tuyos tanto como esté en tus posibilidades. Si querés independizarte, hacelo, te animo, es bonito y satisfactorio. Pero hacelo cuando sintás que estás listo(a). Vivir por tu cuenta es duro, te pega en el ánimo y en el bolsillo, pero te reta a hacer lo que sea necesario para sobrevivir.

Tus ideales y propósitos en este momento de tu vida no deben ser los de alguien más, ni venir de tus padres ni de tus amigos ni de tus películas favoritas. Hacé con tu vida lo que tú querrás hacer pero considerá que el tiempo que usés hoy no vas a poder reponerlo mañana. ¿Querés viajar? Dale, disfrutalo y tomá muchas fotos. ¿Querés hacer una carrera profesional? Aplicate, la competencia es dura y es todo un desafío sobresalir; La recompensa es grande, buscá alcanzar tu meta. ¿Querés emprender? ¡Bravo! Iniciar un negocio no es para todos y sacarlo adelante es de valientes. Aventate.

Si tenés veintidós (o veintitrés o veintisiete) años y seguís viviendo con tus papás: deleitate con su presencia, abrazalos mucho, deciles a diario lo que significan para ti; agradeceles lo que te han dado y esforzate para darles de ti como hicieron ellos contigo. Consideralos y haceles compañía; Eso sí, no seás más una carga.

A vos que creés que tu corta experiencia te da derecho a generalizar y etiquetar gente: a vos te hace falta mucho vivir y llevar palo. Salí de tu burbuja: justo afuerita de tu ego está la realidad de los demás.

. . .

Si te interesa leer lo que esta muchacha tiene qué decir acerca del tema, te dejo el link: http://www.alejandracampollo.com/chapin-si-tenes-mas-de-22-y-todavia-vivis-con-tus-papas-esto-es-para-vos-huevon/#more-1571

viernes, 28 de julio de 2017

De la inseguridad y esos desórdenes

Caminaba esta tarde por una zona bulliciosa en la Ciudad de Guatemala.
Mientras conversaba con mi amigo, con quien había ido a darme un atracón, percibí una creciente opresión en el pecho. Sentía las miradas sobre mí e incluso me imaginé siendo el centro de la plática de sobremesa de los comensales de los muchos restaurantes del lugar.

Tratando de controlarme y ocultar lo que estaba viviendo, continué la travesía por las callecitas del sector, un verdadero oasis. Veía pasar mujeres de todas edades y vestimentas. La incomodidad era cada vez mayor y apenas alcancé a meterme en mi carro para echarme a llorar.
Buscando entender mis sentimientos, caí en la cuenta de que me sentía avergonzada de mi cuerpo. Al recordar a las mujeres que encontré en mi camino, todas me parecían esbeltas y agraciadas; Mientras, yo sentí asco al ver mi reflejo en un ventanal.

Nunca he estado satisfecha conmigo misma, ni cuando estaba por debajo del peso ideal ni con el cabello lacio ni con mis rizos naturales. Como a un plantita ponzoñosa, he alimentado día con día mis inseguridades. Porque no soy delgada ni grácil ni tengo una hermosa melena ni me sientan bien los vestidos cortos ni aprendo a usar tacones ni sé quedarme callada ni logro equilibrar mi vida emocional. Siempre hay una excusa, una razón para sentirme inferior a cualquiera, sin importar cómo me vean los demás.

El paseo de hoy me dejó una excelente experiencia de sabor y un enorme vacío existencial, culpa, y un llanto lleno de rabia. Ojalá comer libros me quitara el hambre y así no sólo sería una cajita de información varia sino la atractiva fémina que cumple a cabalidad los cánones occidentales de belleza.